miércoles, 11 de marzo de 2026

LA VIDA PASA EN UN SUSPIRO

Alguien me dijo una vez que, según van pasando los años, la vida transcurre a una velocidad imparable que casi no te das ni cuenta. Ese tenía toda la razón, en especial cuando vives en soledad. Yo soy de los que madrugan y a pesar de ello, las horas pasan con tal rapidez que no eres capaz de cumplir con todo lo planificado en un día determinado. También soy de los que llevan reloj de pulsera siempre, con lo cual sientes pasar los segundos, los minutos y las horas de forma tan velozmente que las notas de mi agenda con los trabajos pendientes se acumulan de un día para otro por falta de tiempo de realización.

Si haces un pequeño cálculo del tiempo que ha pasado en tú vida, en mi caso ocurriría lo siguiente: han pasado 27.465 días, 659.160 horas, 39.549.600 minutos, 2.372.976.000 segundos. Parecen cantidades imposibles de haber transcurrido, aunque habría que descontar las horas que pasas durmiendo que, en mi caso, serían pocas pues padezco de insomnio. Así todo, no es de extrañar, pues las horas ocupadas por el estudio, el trabajo, los viajes, la lectura, el ocio, el deporte, la televisión, las redes sociales, etc. van incluidas en esa barbaridad de tiempo ocupado.

Todavía se oye el eco de los villancicos de Navidad, las fanfarrias de Carnaval, y ya estoy oyendo desde mi terraza los ensayos de tambores y  cornetas de las cofradías para sus procesiones de Semana Santa. Hoy se celebra en Avilés un concierto de Bandas de cofrades, con lo cual, ya tenemos encima la Semana Santa. Además, las agencias de viajes insisten cada día en reservar las vacaciones de verano, bajo unos días que estamos pasando de lluvia y frio que aún no sabemos cómo estará el tiempo. Es posible que, además de solicitar los créditos oportunos para esa época estival, consulten a Roberto Brasero que se le da muy bien la publicidad, o a Jorge Rey, que seguro lo tendrá más claro.

Hasta la fecha de estos periodos ya hemos gastado sin querer 7.776.000 segundos, que no podemos recuperar, y el reloj de la vida sigue marcándonos el tictac sin darnos un pequeño descanso. Ya han pasado casi cuatro años de la guerra Rusia-Ucrania, y todavía no hay indicios de finalización. El Covid-19 aún tiene flecos que están saliendo a la luz y empezó el 31 de enero de 2020 dándose el primer caso en España. Ya casi he olvidado cuando nos tocó cantar "Resistiré" y aplaudir a los profesionales sanitarios.

Según los expertos, para evitar que el tiempo pase tan rápido, tienes que romper con la rutina introduciendo pequeñas novedades diarias, practicar la atención plena (mindfulness) para enfocar el presente y crear recuerdos significativos. Aprender nuevas habilidades, viajar y reducir el uso de pantallas ayuda a tú cerebro a  registrar más detalles y percibe el tiempo más lento cuando experimenta estímulos nuevos y presta atención consciente al momento, evitando el "piloto automático". 

Cambia de ruta al trabajo, crea nuevas aficiones, vivir el momento presente y estar agradecido ayuda a alargar la percepción de los momentos de alegría. Escribir un diario o sacar fotos ayuda a fijar los recuerdos, lo que hace que, al mirar atrás, el tiempo se sienta más denso y no tan rápido. Incorpora momentos de descanso para evitar la sensación de monotonía. Aprende cosas nuevas (un idioma, una nueva habilidad), es una forma efectiva de hacer que el tiempo parezca pasar más lento. La clave según la ciencia, es interrumpir la monotonía y generar nuevos recuerdos, ya que el cerebro percibe la monotonía como tiempo perdido.

Espero que la ciencia tenga razón, pues como os decía anteriormente, el reloj solo se para cuando tiene una avería, y ésta la comparo con nuestra salud, pues sin ella es cuando de verdad se para para siempre.

Saludos

Miguel Sánchez del Río González-Anleo