miércoles, 12 de agosto de 2009

EL REINO DE LOS ISUQUINOS

Susana apuraba con suma rapidez las últimas cucharadas de la sopa de madre. El día se presentaba largo debido a los preparativos, pero no importaban los esfuerzos, su gran ilusión estaba a punto de hacerse por fin una realidad. El viaje a la vieja Suiza suponía una planificación con todo detalle, y para ello Fernando preparaba con esmero la furgoneta que sirve de traslado habitual al parapente, y que para tan especial evento sería el medio de transporte y la suite matrimonial para acomodar a su reina lo más confortable posible. Mientras tanto, Susana intentaba convencer a los Isuquinos que los veinte días de separación no conllevarían grandes males. Para ello, los acomodó a todos mirando hacia la televisión señalando con el dedo y repitiendo sus nombres con ánimo de no olvidarse de ninguno de ellos. Patu, Elefant, Vaca Paca, y así todos hasta llegar a Dino, el cual mirando muy sorprendido y mosqueado dejaba caer una cristalina lágrima estrellándola sobre la mesa. Al día siguiente, la furgoneta emprendió el viaje, no sin antes despedir a toda la corte y al abuelo güelis. Las primeras horas del largo trayecto transcurrieron de forma rápida y el sueño despistó los pensamientos en lo que atrás se dejaba, pero llegó la montaña y el olor de Asturias se fue disipando en el horizonte de forma que decidieron de mutuo acuerdo hacer una paradina en la primera área de descanso. Se abrió la mochila y allí estaban dos hermosas albohamburguesas cuyo aspecto y aroma despertaron el hambre de tal forma que desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos, no sin antes echar en falta “el marido no veas” que la semana pasada habían comido preparado por mi hermana y recibido por Seur Expres en un hermético Tupperware. El paso por la meseta, Pirineos, y Francia despertó en ellos trazas de patriotismo y siempre comparaban “El Paraíso” con los admirables paisajes que surgían al paso. Las primeras noches a la orilla del lago transcurrían entre el silencio de los bosques, el saltar de los peces y alguna cancioncilla que tatareaba Susana quizás con intención de encubrir un leve miedo en la soledad del entorno. El hambre acuciaba y todavía quedaban restos de arbolitos verdes y bolas beige, los cuales engulleron lentamente para dar un toque de suculento menú minimalista escondido entre aquellos parajes. Luego acompañaron la sobremesa de un suculento cagadin de los bosques y dominados por el sueño se durmieron con sus ojos fijos en las estrellas y acompañados de curiosos buhos y cuquiellos que velaban al igual que rigurosos guardianes en las garitas de los árboles. A la mañana siguiente todo era distinto y el ánimo y ganas de aventura volvió a surgir entre ellos contándose mutuamente los alucinantes sueños que habían vivido durante la hermosa noche. Fernando todavía no había despertado y estaba surcando los aires de las montañas de Piedrahita y Susana arropaba a una Paca Vaca que cansada de mirar para una aburrida pantalla se había quedado dormida.

Saludos

Miguel Sánchez del Río González-Anleo

lunes, 6 de julio de 2009

YA NO SUENAN LAS CAMPANAS

Me enteré hace unos días de la desagradable noticia que, próximamente, derribarían la muy entrañable Iglesia de San Juan de Nieva. No tengo palabras para describir una barbarie de ese calibre, y tal perece que los edificios construidos en la segunda mitad del siglo XX carecen de valor y significado alguno para un puñado de inútiles responsables de la comarca y arzobispado. En otras comunidades respetan hasta las chimeneas de las viejas fábricas cuyo valor artístico es mínimo, pero representan algo más que cuatro ladrillos. No podían haber dado otras alternativas, ¿Museo naval?, ¿Museo maquinaria puertos marítimos?. El nudo que tengo en la garganta me traslada a la década de los 50, cuando Ignacio Álvarez Castelao (Arquitecto de la Junta de Obras del Puerto por esa época) diseñó el edificio cuyo parecido singular en forma de barco invertido mostraba signos vanguardistas y el futuro de un profesional como la copa de un pino. Diez años más tarde, aún con pantalones cortos, disfruté a lo grande por esos arcos llenos de recuerdos con José Alfredo el del bar Cabo Peñas, Manolín el del Ribadense, mi amiga inseparable María José y otros cuya amistad y compañía me hacían trasladarme desde Avilés a San Juan en un santiamén con la única excusa de visitar a mi primo Miguelín. San Juan de Nieva, además de ser mi lugar de nacimiento, siempre lo recordaré como la casa de mis abuelos, la fábrica de emulsión asfáltica y aglomerado de mi familia, la procesión de la Virgen del Carmen, las casas de madera, los desguaces, el olor al negro carbón y las extraordinarias cenas de pescado en los bares de la zona dónde todavía se escucha entremezclado con los chirridos de los cables de las grúas, el crujir de los bocartes en contacto con el aceite de las sartenes. No he conocido todavía un manjar más exquisito, aunque tenía cierta crueldad, ya que eran extraídos vivos, sin miramientos, de los depósitos de agua de mar que disponían los barcos pesqueros para realizar su campaña costera, y en su regreso pasaban directamente a la sartén y posteriormente al plato. Mi abuela decía que no podíamos tomar agua con ese tipo de pescado, y eso me conllevó un día a probar vino peleón cuyo efecto me produjo un monumental mareo en mi regreso hacia Avilés, y francamente más que un tranvía parecía la motora de Panizo, y sus movimientos olas de ocho metros. Los barcos para San Juan de Nieva significaron siempre la vida de un municipio cuyo puerto y sus gentes trabajaron sin descanso para dar salida a las materias primas y posteriormente productos elaborados que se fabricaban en las empresas asturianas. La decadencia del carbón significó, al igual que para San Esteban de Pravia, la muerte progresiva de algo que ya estaba anunciado con las mejoras del Musel, y que hace muchos años ya lo pronosticaba Raulín, el de las quince letras, cuando a plena voz lanzaba maldiciones y blasfemias contra todo aquel que suponía que quería llevarse los barcos para San Esteban. Quien le iba a decir a Castelao que su espectacular templo acabaría desacralizado, conviviría con pilas de carbón y hasta podría ser sustituto de unos simples y vulgares almacenes. De verdad no somos capaces de darnos cuenta de todas las barbaridades que estamos cometiendo, o por el contrario es el destino el que nos ofrece sin miramientos actos que no tienen sentido. Si se trata de esto último tendría una explicación, en caso contrario, Dios nos coja confesados cuando vuelvan a sonar las campanas.

Saludos

Miguel Sánchez del Río González-Anleo

domingo, 14 de junio de 2009

CRISIS, SIN TAPUJOS

Explicar al ciudadano de a pie una situación como en la que estamos inmersos siempre ha sido un compromiso difícil de afrontar. La palabra crisis tiene muchas definiciones, pero en concreto la económica se especifica como una situación caracterizada por la sobreproducción de mercancías, el descenso de los precios, la penuria de pagos y la bancarrota. A partir de aquí, cada uno la hacemos propia y la identificamos en función de la parte que nos corresponda. 

Lo que si todos tenemos más o menos claro es que producimos más de los que precisamos, y es ahí dónde nos aprieta el zapato. Y nunca mejor dicho, pues la persona que actualmente nos dirige muestra signos de que nada nos hace daño.

Comprometido es también explicarle al vaquero del puerto de Mieres que sus terneros ya no tendrán el mismo precio y sus ganancias se verán disminuidas en un treinta por ciento durante este periodo, pero todavía es más complicado hacerle comprender al soldador, tornero o camarero que su situación laboral pasará de la actividad explosiva de las horas extras a un ERE (expediente de regulación de empleo) temporal o definitivo que impactará de lleno en su salario haciendo un boquete en su línea de flotación capaz de hundir al mejor barco blindado de la armada real española. 

El resultado final es el mismo, unos podrán sobrevivir intentando convencernos que la calidad de los terneros no tiene precio, y aquellos que puedan adquirirlos salvarán durante unos meses las expectativas de unos, ignorando la difícil situación de todos los demás.

Por otro lado, otros se verán inmersos en graves problemas en los cuales los gastos son mayores que los ingresos, y además su situación se agrava cuando no les permiten tolerancia alguna a la hora de afrontar sus deudas, ingresando en la lista de morosos, embargos y otras actuaciones financieras y fiscales capaces de borrar de un plumazo las expectativas de vida y objetivos de las personas cuyo destino les ha nominado con el apellido “trabajador”, y les ha educado en la actividad del consumo (que en latín también significa destruir).

Para los que estamos anclados en el tiempo en el que comer una manzana autóctona significaba imaginar todo su proceso, desde su recolección en Candamo hasta su compra en el puesto de la plaza, es difícil comprender la razón por la cual se plantan kiwis en Asturias, se cosecha tempranillo en Chile y consumimos a diario piñas de Tailandia para eliminar las grasas de alimentos que ingerimos en exceso. Promover el consumo y la producción de productos elaborados o fabricados fuera de nuestras fronteras con el único objetivo de la rentabilidad, puede ocasionar graves conflictos e incluso llegar a romper los eslabones de una cadena llamada “sentido común”, cuyos primeros síntomas ya estamos apreciando. 

Dicen que la avaricia rompe el saco, y eso es precisamente lo que ocurre; gobiernos mal encaminados y entidades bancarias con un alto índice de egoísmo nos han puesto en peligro y en fila de a uno a todos los que intentamos hacer un poco mejor las cosas. Eso sí, esta pandilla de cagabandurrias sin escrúpulos que han elegido el momento oportuno para llegar a esta situación, serán también quien nos saquen del apuro cuando ellos lo consideren oportuno y hayan enriquecido un poco más sus arcas.

Mientras, los que todavía soñamos por un sostenible, apostamos por la justa producción, justo consumo, y trabajar a tope para buscar soluciones capaces de evitar situaciones de riesgo como las que estamos padeciendo.

Saludos

Miguel Sánchez del Río Gonzalez-Anleo

LOS DÍAS TIENEN 24 HORAS

Desde que damos nuestro primer berrinche al salir del seno de nuestra madre ya estamos etiquetados con nuestro futuro. Quién diría que no tenemos ni voz ni voto para decidir cuál será a partir de aquí nuestro propio destino. Algunos nacen encaminados a ser partícipes y anfitriones de un fragmento de la sociedad en la que se impone la burocracia, el egoísmo, y el favoritismo propio en aras de unos beneficios fácilmente alcanzables con el mínimo esfuerzo. Otros, sin embargo, luchan las veinticuatro horas del día planificando sin descanso sueños, ideales, e intentando escarbar en las arenas de la imaginación con el único propósito de encontrar soluciones para este complicado, pero ilimitado mundo. ¿Realmente existe alguna diferencia entre los recién nacidos?, no, aparentemente todos somos iguales, pero al final de nuestro largo recorrido nos damos cuenta dónde están las divergencias, siendo lo más lamentable el no poder hacer borrón y cuenta nueva. Nos educan bajo un patrón más o menos idealista que tiene un determinado tiempo de duración, pero que sirve como inicio de algo que a lo mejor puede llegar a su cúspide con más empeño del que enseña, que del propio aprendiz. Hoy, la enseñanza, la educación, los consejos en vivo y en directo, así como la doctrina de lo que realmente crees que debe ser el proyecto ideal de una sociedad actualmente rota e individualista, con aires de grandes e innovadoras mejoras que acaban en puntuales acciones desconsoladoras, no admite soluciones geniales capaces de garantizar un futuro sostenible. El trabajo, nuestra penúltima etapa en la carrera de la vida, ha sido y será el intercambio, físico e intelectual, que combina unas acciones propias del individuo y sus habilidades, por unos incentivos valorados de acuerdo con una normativa. A partir de aquí, pasan muchas cosas, unos lo confunden con un derecho, otros como una obligación y otros piensan que es el peaje que tenemos que pagar por el mero hecho de haber nacido. Ni una cosa ni otra, cuándo nos daremos cuenta todos que, en realidad, hemos venido al mundo por un determinado tiempo con el objetivo de mejorar sus condiciones iniciales, y que para ello existen diversidad de caminos que nos llevan a culminar infinidad de retos capaces de hacer realidad todo aquello que nos proponemos. No es fácil la elección, y algunos ni siquiera tienen la oportunidad de hacerlo, iniciando finalmente la caminata de un sendero que no tiene fin. Otros, sin embargo, emprenden de una forma planificada la travesía de la vida superando en cada momento los tropiezos típicos de una cruzada que conlleva infinidad de dificultades cuya superación precisa de un mayor esfuerzo y tesón, haciéndose imprescindible la dedicación plena y el apoyo de todos los que tienen a su lado. Nacer para vivir no entraña verdaderamente ningún riesgo, salvo que te lo impida algún desalmado y egoísta cuyas creencias ya están encaminadas a terminar con una vida que se está gestando, lo difícil pero reconfortable viene después. Dedicar una gran parte de los ochenta y seis mil cuatrocientos segundos que tiene un día para mejorar en cualquier ámbito de nuestra vida aportando con ello nuestro granito de arena no tiene desperdicio, es más, yo diría que es saludable y ventajoso para todo aquel que se sienta orgulloso de tener cuerpo y alma. El porcentaje de esfuerzo y dedicación que debemos emplear va en función directamente proporcional al propio coraje, valores humanos y consecuencias adquiridas de una experiencia que se acumula día a día. Todo lo demás, son puros impulsos que demuestran falta de interés, egoísmo propio, y palos de ciego que solo obtienen frutos en los juegos de azar. Los días empiezan a las cero horas y terminan a la veinticuatro, distribuirlos en tres etapas: trabajo, ocio y descanso depende muy en mucho de cada uno. Personalmente, manifiesto mi tendencia hacia el trabajo, y así lo haré para el resto de mis días, pues el ocio y el descanso son actividades que no son estrictas y deben tener un sentido, una identidad, y una duración determinada, dado que de no ser así pueden inducir al aburrimiento.

Saludos.

Miguel Sánchez del Río González-Anleo

viernes, 15 de mayo de 2009

FIGURA INOLVIDABLE


Ahí está, erguido como un palo de avellano, postura valiente, y con cara desafiante, mostrándonos orgulloso su justiciera arma que, gracias a ella, tantos conflictos y numerosas conquistas resolvería ese gran marino que fue Pedro Menéndez de Avilés; no sin antes encomendarse a Dios como juez y a su apreciado Rey Felipe II como sus principales aliados. Estático día y noche, observador y sin miedo a las inclemencias del tiempo, espera pacientemente la llegada de cualquier ciudadano para ofrecerle un amistoso saludo de bienvenida con la esperanza de poder entablar unos minutos de conversación y recordar innumerables hazañas llevadas a cabo en nombre de la Corona de España y de su villa natal que fueron sin ninguna duda el principio de la apertura de una época dorada muy beneficiosa para nuestra nación. Pedro Menéndez recibió sus primeras lecciones de marinería en el muy noble barrio de Sabugo, mostrando grandes cualidades que le llevaron a emprender numerosas empresas en tiempos difíciles, donde la tenacidad, el coraje, el rigor y la mano dura eran características imprescindibles para alcanzar los objetivos. Aunque conocido por todos, creo que ha llegado el momento de recordar con más intensidad y frecuencia, a todos aquellos avilesinos que como él, pasaron a los anclares de la historia como personajes de gran valía y cuyas experiencias seguro que han influido en nuestras propias vidas sin habernos dado cuenta. Recuerdo que, Laureano Menéndez mi tío, repetía en algunos de sus ripios con cierta ironía y sintiéndose orgulloso, que él descendía directamente de la bragueta de Pedro Menéndez, cosa que pudo haber ocurrido si pudiéramos estudiar su árbol genealógico. Lo cierto es que nunca tuve la curiosidad y oportunidad de haberlo contrastado y comentado con Lauro, su padre “Abuelo gallo”, como lo llamaba de pequeña mi querida prima Pilar, pues hubiera sido un orgullo para toda la familia. Ya sabéis ciudadanos de a pie y visitantes, cada vez que paséis por el parque de Avilés dirigir vuestra mirada y saludar respetuosamente a quien fue capitán general de la flota de Indias en su galeón San Miguel, y se batió a capa y espada por el bien de nuestra villa y de la Corona, defendiendo nuestra Patria de piratas y corsarios, dejando nuestro pabellón en lo más alto de la historia de grandes conquistadores, y fue nombrado por su Majestad adelantado y conquistador de la Florida. A pesar de ello, y supongo porque nadie es profeta en su tierra, negras leyendas lo identificaron con operaciones de malversación de fondos de la Casa de Concentración, cuyo resultado final no sería otro que desmentir tales acusaciones y ensalzar todavía más sus increíbles hazañas. El paso obligado desde el parque hasta la ría, nos honra con su presencia, y nos permite observar la figura de un hombre que se merece algo más que unos buenos días. Yo tengo por costumbre siempre que por allí paso, detenerme unos instantes y saludarlo, pues todavía retumba el eco de los cañones que acompañados de un “Por Avilés y por España” llevaron nuestra cultura a la ciudad hermana de San Agustín.

Saludos.

Miguel Sánchez del Río González-Anleo

domingo, 10 de mayo de 2009

PROTEGER SIN AMENAZAS

Parece imposible, pero algún iluminado se ha permitido el lujo de encargar un voluminoso estudio ecológico obtenido de la extrapolación y aplicación de complicados algoritmos para intentar averiguar lo que, según los analistas, podría ocurrirle al Medio Ambiente del Principado de Asturias a finales del siglo XXI

A quien se le ocurre tal descaminada inquietud en vez de invertir de forma preventiva, con todos los medios posibles, lo que sin ninguna duda es por todos conocido sin falta de malgastar nuestros ridículos recursos económicos en temas de medio ambiente, permitiendo emigrar progresivamente la escasa industria transformadora, poco contaminante y con mayor ocupación de mano de obra.

¿Es qué seguir manteniendo industrias químicas, y destiladoras de materias primas  ubicadas en Avilés favorecen nuestra enferma economía, o quizás algún ecologista de Oviedo quiere evitar los viajes continuos a León o Benidorm para secar sus húmedos huesos y en un futuro hacerlo en el Balneario de las Caldas?.

Asturias se merece algo mucho más serio, más importante y reivindicativo cuyo punto de mira está más allá de videntes informes cuyos resultados no favorecen la concienciación de las personas de nuestra tierra.

Reflexionemos sin esperar ni un segundo cuales son las fundamentales acciones más sostenibles y hagámoslas realidad de una vez por todas, sin perder el tiempo y el dinero en babayadas que confunden a nuestra propia idiosincrasia.

Adelantarnos a un futuro incierto aplicando acciones coherentes y acertadas con nuestras necesidades nos garantizará nuestra continuidad y evitará volver a repetir errores que todavía estamos pagando. Nuestra climatología no es un problema actual para el turismo, solo tenemos que ser más hábiles y saber venderlo como lo hace Galicia, y si fuera necesario implantaremos el Año Santo Carbayón o enlazaremos el Ave con la ruta de la Plata.

Las comunicaciones están adaptándose a nuevos requerimientos, tenemos buenos recursos naturales y humanos, somos una comunidad atractiva, pero sigue faltándonos industria transformadora sostenible capaz de asumir nuestras carencias de paro. 

Nos falta mucho que mejorar, pero no lo vamos a solucionar con pesimistas informes que, por cuatro grados de más, quieren transformarnos en un verdadero desierto y arrebatarnos de un plumazo el placer de degustar un exquisito centollo, poder saciar nuestra sed con unos culinos de sidra y dormir una buena siesta en un verde prau.

Que me perdonen nuestros colindantes vecinos y amigos de Castilla y León, pero no quisiera llegar a tener su inhóspito paisaje, ni que la temperatura del agua de la playa de Salinas tuviera veinte grados centígrados. Yo quiero mi Asturias “Tal como ye”, verde, con orbayu, con vaques, algas y calamares. 

Y si para ello es necesario trabajar sin descanso, alternando un poco menos, hagámoslo, no seamos tan cazurros y pongámonos en marcha que de León solo nos separa el puertu Payares.

Saludos.

Miguel Sánchez del Río González-Anleo

HABLAR POR HABLAR NO

Siento francamente pena por no haber podido intimar personalmente con mi abuelo paterno “El bon Manolo Tirola”, llamado así en los círculos de una sociedad avilesina que por aquella época no conocía todavía lo que sería el gran cambio y transformación de la Villa.

Su personal e incondicional dedicación a los demás lo hacían verdaderamente entrañable en su querida calle Rivero. También ronronea por mis adentros no conocer el origen exacto del apodo de nuestra familia, pues realmente la palabra “Tirola” no tiene un significado específico y solo puede provenir de algún derivado relativo a posibles anécdotas que no son muy comunes en el lenguaje popular de nuestra Villa. 

Lo que no tengo la menor duda es sobre su semblante y caracteres que lo definen claramente en sus escasas fotografías como una persona que, a pesar de ser poco habladora, era altamente comunicativa. 

Si por algún casual hubiera podido sentarme en su regazo y abrazarlo fuertemente, seguro que le hubiera preguntado ingenuamente que me narrase algunas anécdotas sobre las primeras lecciones para afrontar la vida, pues es evidente que, a pesar de que él la abandonó en edad muy temprana, comentaban que mostraba una gran experiencia, y se sentiría completamente satisfecho de hablarme y explicarme con todo detalle las diferentes fases por las cuales debes atravesar tal complicado proyecto.

Ahora nadie quiere escuchar a los viejos de la familia, ni tampoco consultar dudas, experiencias o consejos. Los jóvenes prefieren conectar con Internet y preguntar al buscador todo aquello que desconocen. 

Los consejos, vengan de quien vengan, se reciben a través de ficheros Power Point cuyas explicaciones intentan suplir las mágicas palabras de aquellos que realmente son los comunicadores y lazo de unión entre generaciones. 

Cuanto lamento no haber cogido en su momento lápiz y papel para anotar todas aquellas “batallitas” que, tanto mi padre y otros miembros de la familia me iban dictando por el simple hecho de ampliar mis conocimientos.

Las palabras ambulan con gran soltura por el espacio toda la vida, pero aun no hemos sido capaces de poder recuperarlas, y la única forma de almacenarlas para disponer de ellas cuando las precisamos es escribirlas o grabarlas. 

Para algunos hablar es tan sencillo que, digan lo que digan, aunque no tenga ningún valor o sentido es suficiente atrayente. A lo largo de mi vida he aprendido que, la mayoría de las veces, las palabras no todas son retenidas ni interpretadas de la misma forma, y aunque el contenido del mensaje sea corto pero positivo, no está suficientemente valorado. 

Hablar de forma constructiva significa algo más, denota una mayor comunicación, formación e intercambio de impresiones; todo lo demás es pura charlatanería que no tiene apenas interés. Como puedes ver abuelo, haberte conocido hubiera sido verdaderamente interesante, pues las cosas cambian tan deprisa que se han quedado diminutas las trescientas palabras por minuto que le hacían mecanografiar a tu nieta Laura cuando estudiaba.

Hoy hablar bien lo intenta cualquiera, pero escuchar, entender y practicar la empatía tomando buena nota para que pueda ser trasmitido sin confusiones ni alteraciones en el futuro no lo hace cualquiera. Por eso, conocer el origen, particularidades y relatos de los seres queridos perdidos en el tiempo, siempre será para mí un enigma y el gran tesoro oculto de mis pensamientos.

Saludos.

Miguel Sánchez del Río González-Anleo

sábado, 2 de mayo de 2009

OJO POR OJO

Si las profecías de "Nostradamus" fueran ciertas estaríamos acabando a pasos agigantados nuestros últimos días en este maravilloso planeta llamado Tierra. 

Muchas son las coincidencias, pero pensando de una forma optimista y sin ánimo de preocupar al pueblo, todavía son pocas las circunstancias para llegar a pensar que esto ocurra. 

Lo que si parece más evidente es que hemos entrado en una mala racha en la que, todos nosotros, podemos figurarnos de una forma fácil y sencilla todo aquello que escuchamos en las noticias elucubrándonos el cerebro y admitimos sin pena ni gloria lo que se nos echa encima. 

Plagas, guerras, crisis, catástrofes naturales, pandemias, terremotos, sunamis y algún que otro hecho, son capaces de desviar nuestra atención en beneficio de algunos pocos cuyos intereses les viene de perla. ¿Acaso no estaremos pagando con creces todo lo que nuestras anteriores generaciones explotaron sin miramiento alguno?. ¿No será realmente cierto que se está cumpliendo a rajatabla la relación causa/efecto?.

Terminada la primera guerra mundial se extendió en 1918, por toda Europa y América, un virus llamado "gripe española" cuyos efectos significaron la muerte de cuarenta millones de personas. Es verdad que en aquella época el virus procedía de las aves, y no de los murciélagos ni mercados de abastos; tampoco se sabe a ciencia cierta que la causa procediese de España, lo que si nos han asegurado es que la pandemia actual  procede de China exclusivamente.

¿No es verdad también que, en la edad de oro, la mayoría de los españoles a pesar de sus hazañas como Conquistadores, arrasaron, aniquilaron y explotaron todas aquellas tierras que colonizaron?. Los indios en México postraban su cabeza en las iglesias ante los cuadros de nuestros Santos sin que nosotros nos diéramos cuenta que en la realidad lo que estaban haciendo era adorar a su Dios Sol que estaba pintado detrás del cuadro. 

Tampoco es de extrañar que ahora tengamos que pagar con enfermedades procedentes de todos los continentes las múltiples barbaridades que se cometieron con los negros en la época de la esclavitud. Los romanos aplastaron con sus conquistas toda la idiosincrasia de la mayoría de los pueblos de Europa y parte de Oriente, los franceses se cansaron de realizar pruebas nucleares en algún pobre Atolón del Pacífico, los alemanes exterminaron a millones de judíos e invadieron múltiples Paises, los portugueses hicieron de las suyas en Mozambique, y si seguimos leyendo las crónicas de la historia nos daremos cuenta que, no son las profecías lo que estamos pagando, sino las deudas de todo aquello que hicimos inconscientemente y ahora ha llegado el momento de su vencimiento. 

No seamos tan idiotas de seguir el rumbo de una nave que pilotada por personas torpes puede dirigirnos a derroteros altamente peligrosos, y cuyas consecuencias se pagan en el futuro con efectos profundamente arcaicos como el "Ojo por ojo y diente por diente". 

Digamos adiós a las viejas costumbres y apostemos por las nuevas tecnologías en aras de que se apliquen por un igual a todos los habitantes de este bonito planeta sin excepciones. Estoy seguro que esa práctica evitará males mayores y pagos generacionales innecesarios.

Saludos.

Miguel Sánchez del Río González-Anleo

sábado, 25 de abril de 2009

LAS PIEDRAS TAMBIÉN HABLAN

Hace unos ocho años me regalaron un trozo de pizarra extraído de uno de los Castros ubicados en las prominentes laderas muy cerca de los montes de Anleo. Sin darme cuenta, lo guarde en el fondo del cajón de mi mesita de noche, y allí aguantó el paso del tiempo hasta que una noche larga de invierno, en la que las píldoras para dormir habían perdido su poderío y el silencio era mi compañero, entonces empecé a sentir ruidos extraños sin saber de dónde procedían. 

Los sonidos se transformaron rápidamente en murmullos y en pocos minutos me encontraba inmerso en una aventura verdaderamente fascinante, pudiendo apreciar con todo detalle como una canoa de piel curtida y cosida a mano subía río arriba a golpe de cuatro remos cuya intensidad mostraba prisas en los que la hacían navegar. ¡¡Virio!!, gritó con fuerza unos de los remeros, ya estamos llegando, y en breves instantes atracaron la canoa en la orilla intentando ocultarla con algunos arbustos.

Virio, Carisio, Penteo y Segeo subían por la colina apartando las ramas de los ablanedos cuya frondosidad impedía divisar las proximidades del Castro. El vigía detecto rápidamente la presencia de los intrusos y avisó sin demora con imitaciones de extraños rugidos a todo el poblado. 

En ese momento los viejos del lugar estaban reunidos preparando con sumo detalle la boda de Ducia con Virio. Eran tiempos duros, cargados de inseguridad por los persistentes ataques que los romanos acometían en busca de recursos humanos para trabajar en las auríferas minas. 

Así todo, los astures luchaban con todas sus armas para evitar la esclavitud y mantener sus costumbres. Ducia colocaba con suma delicadeza en su frente una diadema de oro y piedras de azabache que no se dio cuenta de la llegada apresurada de Virio, el cual entró en el edificio hecho de pizarra y barro con tanto ímpetu que se llevó por delante el bonito sayo teñido con helechos y espliego que había confeccionado su madre para la futura novia.

Virio le comentaba casi sin aliento que los romanos estaban muy cerca y pensaban atacar el poblado esta misma noche, lo cual conllevaba la evacuación inmediata y huida hacia las montañas. No había tiempo que perder, Virio intentaba explicarle que además de su futuro estaba en peligro su propio lenguaje, su religión y la propia economía que disponía la región. 

Ducia comprendió rápidamente las explicaciones de Virio y hablaron con el consejo, los cuales decidieron sin más espera huir hacia los montes abandonando el Castro. La noche fue larga y penosa a través de las montañas, y la copiosa lluvia que los acompañó en todo ese camino no cesó en ningún instante. 

A la mañana siguiente todo parecía distinto, llegaron a un claro del bosque desde donde se divisaba la gran ría, bonito lugar para edificar un nuevo Castro y disfrutar de una nueva vida. Unos se encargaron con sus dardos envenenados con tejo de cazar dos formidables corzos que sirvieron para dar las gracias a los dioses y servir como banquete de una unión capaz de comenzar un nuevo reto y dar continuidad a nuestra propia identidad. 

A las siete sonó el despertador y nunca más he tenido noticias de Virio y Ducia. Es posible que nuestros antepasados hayan sufrido persecuciones, atrocidades, y hayan tenido que estar en alerta, pero no creo que exista mucha diferencia con los tiempos de hoy. El caso es que nunca estamos tranquilos y quizás dentro de poco encontremos una explanada donde poder asentarnos.

Saludos.

Miguel Sánchez del Río González-Anleo

martes, 21 de abril de 2009

ZAMBRA

Muchos zapateados, coplas y bulerías se oyeron en el tablao flamenco de Zambra ubicado en los bajos del número siete de la calle Ruiz de Alarcón desde 1954 en Madrid. 

Los principales artistas se reunían todos los días para hacer de la noche madrileña un elemento más de diversión para todos los aficionados y turistas que buscaban unos momentos de relajación. 

En aquella época mi curiosidad me dio la oportunidad de distraer por unos instantes al uniformado portero y poder observar tras las cortinas de terciopelo rojo todo lo que allí pasaba. Tal circunstancia nunca podría haber ocurrido sino fuera porque en el ático de ese exquisito edificio vivía la familia Gonzalez-Anleo y yo estaba bajo su tutela para tratar alguna de mis dolencias en la clínica Doctor Jiménez Díaz. Durante todo ese tiempo, aproveché lo mejor posible para conocer la capital y sus cercanías, gracias a las múltiples visitas turísticas que realizábamos todos los fines de semana, y cuyos itinerarios previamente planificados iban desde Sierra Nevada, pasando por el Alberche, Ávila, o cualquier otro pueblo que tuviera algún tipo de interés. 

Cada viaje tenía su propio misterio, pues Paco nos acojonaba con las historias de Drácula cada vez que se divisaba un castillo por el horizonte. El Topolino de Paco ya tenía los días contados y alguna vez nos tocó empujar en la cuesta de las perdices, lo que conllevó a un rápido cambio por un flamante Seat 600. 

Toda la familia se volcó en mí, y me integré en sus vidas como si de un miembro más se tratara. La vivienda que habitaba disponía de todas las comodidades, y por estar en Madrid tenía su portero tradicional, su ascensor de perfiles de hierro forjado y maderas nobles; a pesar de ello, cada semana nos dejaba aleatoriamente entre dos pisos. En la entrada del piso un magnífico salón con chimenea nos mostraba en sus paredes interesantes cuadros de paisajes de Figueras, enfrente estaba el comedor con una larga terraza cuyas impresionantes vistas exaltaban aun más la grandeza de la ciudad.
Avanzando por el pasillo te encontrabas a la izquierda con la habitación de Paquín, y a la derecha el dormitorio de las niñas y la del matrimonio. Enfrente estaba la cocina y a continuación un patio que daba paso al cuarto de los trastos en donde yo disfrutaba con una maqueta del destructor Baleares, barco de guerra hundido por los republicanos del que comentaban había sido náufrago Paco.

Lo primero que hicieron fue buscarme un pupitre en el colegio de las monjas, y allí pude practicar mis primeros ejercicios de escritura. La vida diaria transcurría entre el esfuerzo por los estudios que mostraba Mari-Nieves, la hermosura y simpatía de Rosa-Mari, y mi compañero Paquín que cada día nos expresaba sus habilidades imitando al cura de los Jerónimos, y la verdad es que en eso de decir Misa no se le daba nada mal.

Alguna tarde acompañábamos a Quica a comprar al supermercado de la Marina, muy cerca de nuestra casa. Con ella aprendí a comer sin miramientos, y todos aquellos potajes como las lentejas que no me entraban al principio, acabaron siendo al cabo de unos meses deliciosos manjares para mí, excepto la nata de la leche que es el día de hoy en el que no soy capaz de olvidar el colador. 

Quica era una señora maravillosa, paciente, sufridora y delicada pero excelente esposa y una gran madre para todos. Nunca olvidaré su hermoso pelo negro que recogía todos los días en un elaborado moño. En su afán de querer eliminar por todas mis habituales dolencias, me fabricaba unas píldoras a base de miga de pan y limón que lograban engañar a mi delicado estomago.

De mi tío abuelo Paco, como él decía, recuerdo mucho cariño, mucho trabajo, e infinidad de responsabilidades que siempre demostró a lo largo de toda su vida.

Saludos.

Miguel Sánchez del Río González-Anleo

lunes, 13 de abril de 2009

SENDAS CON ENCANTOS

Hubo un tiempo en que la Península Ibérica podía ser recorrida por una ardilla de Norte a Sur y de Este a Oeste a través de las ramas de los árboles. 

Hoy nos parece absurdo que tal desplazamiento fuera posible, sobre todo si enfocamos nuestra imagen hacia las extensas llanuras de Castilla, Almería o los Monegros, pero realmente si pudo ser cierto y todavía conservamos numerosos vestigios de ello.

Muchas son las razones que motivaron la deforestación de una gran superficie de suelo difícil de repoblar que se fue transformando en piedras y barro en consonancia con las incesantes conquistas que el hombre fue realizando a través de los años.

Los devastadores incendios naturales por un lado, los provocados con motivo de la explotación agraria y ganadera, la tala incontrolada para la construcción de barcos destino a la numerosa Armada Invencible, cambios climáticos, y guerras continuas sin piedad, transformaron el paisaje hasta llegar a nuestros días.

Hoy seguimos cometiendo los mismos errores a pesar del gran esfuerzo de unos pocos por querer mantener un sello de identidad de Paraíso Natural. Todo tiene un límite, no podemos tolerar acciones indiscriminadas que pongan en peligro las pocas existencias de algo que nunca hemos sido capaces de conservar. Y que nadie se rompa las vestiduras declarándose defensor y predicador a estas alturas, pues hemos sido todos sin exclusión, los participantes de la decadencia de una gran parte de nuestra propia naturaleza.

¿Cómo podemos sentirnos los que de alguna forma hemos sido compañeros infatigables del paisaje natural de nuestro entorno?, pues francamente avergonzados de no haber podido participar en acciones capaces de evitar las barbaridades que se han cometido. Aún así, en lo que a mí respecta, todavía me queda la esperanza de poder, con mis actitudes, seguir defendiendo la afición que siempre he tenido hacia la montaña y por supuesto el senderismo.

No es cuestión de poseer la agilidad de un animal volador para poder disfrutar del paisaje, ni tampoco nuestro cuerpo está ya para culminar altas cumbres, pero la solución está en disfrutar de las encantadoras sendas que todavía están al alcance de todos.

Caminar es saludable para el corazón y para el bolsillo, solo es necesario un buen calzado y una gran voluntad. Tampoco es cuestión de flagelarse recorriendo cientos de kilómetros para cumplir con el Año Santo; estoy seguro que si echáis un vistazo a vuestro plano comarcal o una simple consulta en la oficina de Información y Turismo más cercana, os presentarán rutas verdaderamente interesantes.

Dentro del ámbito de Asturias destacan especialmente la del Cares, del Oso, y las Xanas, pero yo siempre digo lo mismo, tenemos más que granos de maíz.

Comparativo que no os debe parecer exagerado, dado que cada año recorro unas cuantas y me considero un alevín, a pesar de que ya no soy un guaje. 

En esto del paisaje me gustaría tener un poco más de contacto con mis sobrinos Susana y Fernando para que me describiesen con todo detalle que se aprecia desde ese espectacular aparato volador llamado parapente, aunque yo personalmente prefiera ponerme las botas para caminar y tensar las velas para navegar.

Saludos.

Miguel Sánchez del Río González-Anleo

viernes, 10 de abril de 2009

GRAN RESERVA 2022

La globalización alcanzó, sin darnos cuenta, la mayoría de las actividades, y sin desvelar las posibles consecuencias, extendió su manto primero por toda Europa y después cruzando el charco buscando continentes donde el bajo coste de la mano de obra suponía sin grandes esfuerzos mejorar los beneficios a costa de mantener una calidad que deja mucho que desear, y que solo se muestra en la etiqueta del producto.

A partir de ahí, la mayoría de todos nosotros no se ha preocupado de comparar si lo que pagamos por un artículo corresponde con el valor que realmente tiene. Hoy compramos gran variedad de productos fabricados y elaborados en otros países cubriendo nuestras necesidades y nos importa un pito de donde proceden.

No nos engañemos, las fronteras están abiertas a todo, pero lo autóctono debería ser prioritario y nunca sustituido por meras imitaciones que solo sirven para engañarnos a nosotros mismos. 

La calidad ha mejorado pero hay que pagarla y sobre todo conocerla, por lo tanto, consumir más a cualquier precio lleva consigo retroceder en nuestro gusto y sin despreciar a los que con grandes esfuerzos colocan en el mercado marcas de segundo orden, yo prefiero bueno y poco que mucho y malo.

Si nos centramos en algo tan esencial como la producción y comercialización del vino, ya pasaron los tiempos en que ofrecer un porrón en el bar del Arbolón, cuyos variados caldos se recibían en pellejos desde León o La Rioja, y servían exclusivamente para calmar la sed y animar las tertulias de los que por allí tenían la silla reservada sin tener pajolera idea de las propias características de lo que consumían. 

Tampoco en la ruta del vino apreciaban lo que bebían, dando más importancia al pincho que ofrecían, que a la pinta de clarete o al rioja tinto que demandaban.

Ahora las cosas están cambiando, somos más cultos y no podemos conformarnos, ni confundirnos con la simple propaganda que, sin ningún miramiento, aparece en nuestros buzones o prendida en el limpiaparabrisas de nuestros coches.

Conocer el origen, la cosecha, la temperatura, la bodega, en que forma ha sido conservado y la variedad de uva debe ser de obligado cumplimiento tanto para el que vende como para el propio cliente que, finalmente es el que paga y el que consume. 

No seamos simples consumidores, y no dejemos que entre por nuestra vista todo aquello que nos presentan y nos ofrecen a bajo precio con una calidad falsamente enmascarada. La cultura no está reñida con la economía y ya en el año 1878, la globalización trajo consigo la introducción en Europa de la filoxera, enfermedad procedente de Estados Unidos que se produjo como consecuencia de la importación de nuevas vides y acabó con la mayoría de ellas en toda España, siendo el Priorato de Cataluña una de las zonas donde se salvaron algunas raíces de lo que hoy podemos llamar el relicario vivo de nuestro mejor aliado, el vino. 

Si la variedad de la uva es garnacha, tempranillo, albariño o Cabernet Sauvignon, no importa, todo depende del gusto de cada uno, pero a la hora de consumirlo, no cofundamos las clases que diferencian a un vino de crianza, reserva o gran reserva. No olvidéis nunca que en torno a una botella, el origen, los diferentes sabores, la virtud de la cosecha, y el tiempo de crianza es la verdadera calidad para que entre amigos o pareja podáis disfrutarla hablando sobre ella.

Yo, hoy estoy disfrutando de un gran reserva 1995 de Gonzalo de Berceo en cuyo origen Haro (La Rioja) ya están brotando lo que será sin ninguna duda un gran reserva 2022.

Saludos.

Miguel Sánchez del Río González-Anleo

miércoles, 8 de abril de 2009

MY FRIEND BOBY

Su mirada lo dice todo, la fidelidad está en sus genes y es muy sencillo entender su lenguaje. Eso es lo que describiría de una forma muy sencilla en varios idiomas su carta de presentación que se acompaña cuando recibes a regañadientes, o por compromiso tan entrañable regalo de alguien que verdaderamente te quiere. A partir de aquí tu vida va cambiando de tal forma que cabe la duda pensar si él se está adaptando a ti o tú te estás acomodando a él. La compañía en estos casos se hace mutua a pesar de los inconvenientes que conlleva la convivencia en una ciudad urbanita, pero así todo, los esfuerzos realizados que te ocasiona son compensados muy por encima de sus posibilidades. Su cariño, su lealtad, su saber estar, y su generosidad en devolver en cada momento los favores recibidos, lo convierten en la mascota más fiel que os podáis imaginar. Cada día me recibe al regreso del trabajo con impresionantes brincos y una muestra de alegría en sus ojos que expresa toda su ternura esperando solamente una simple caricia. Su pelo de pura lana virgen me recuerda divertidas vacaciones que mi hermana y yo pasábamos junto con los corderos en Cubillas de los Oteros, donde éramos acogidos por la cariñosa familia Fonseca, y en especial por Miguel y María Luisa. En las casas de adobe que componían ese pequeño, pero entrañable pueblo, se cocinaba con leña y en el desván, al cual había que acceder a través de una escalera de mano, abundaban los productos elaborados especialmente para la fiesta como las sabrosas rosquillas de anís y las “Maricas”, galletas que a pesar de ser tan duras como un peñón se deshacían en la boca tras probar el excelente orujo de hierbas que ellos mismos destilaban. En las casas no había suelo de gres ni parquet, era de puro barro, pero se barría todos los días, y con el chorro que manaba de una lata de tomate perforada, llena de agua, se realizaban artísticos dibujos que duraban hasta la mañana siguiente. Baño tampoco había, pero las gallinas y el burro acompañaban tus necesidades fisiológicas con tal atención que lo hacían todavía más agradable. Mi amigo Avelino “El Pastor”, se levantaba muy temprano para dirigir con sus perros el hermoso rebaño de ovejas hacia los terrenos de pasto, y en su compañía fue donde empezó mi cariño hacia los animales, y en especial por esos verdaderos maestros del pastoreo que, con sus incansables carreras eran capaces de alinear a todo un conjunto de hermosas merinas. Alguna vez bajábamos a las bodegas para saborear su exquisito queso y catar el fresco vino rosado cuyo toque de aguja hacía que el regreso a la superficie fuera un poco más penoso, sobre todo cuando recibías el impacto directo del calor de la llanura. Cuantos recuerdos me trae mi pequeño Boby cuando por el jardín de casa corre velozmente en busca de su pelota que intento lanzar lo más lejos posible; después ya cansado, se pone a mis pies esperando un merecido premio por el esfuerzo realizado. Acariciarlo suavemente sustituye, sin ninguna duda, a muchos medicamentos que estás obligado a tomar para reducir la ansiedad y el stress que conlleva en estos momentos nuestro vertiginoso ritmo de vida. Gracias amigo Boby por los agradables instantes que pasamos juntos.

Saludos.

Miguel Sánchez del Río González-Anleo

lunes, 6 de abril de 2009

MERCADILLOS CON SOLERA

Nadie pone en duda que el hombre es el ser más perfecto de la creación. Nuestra inteligencia no tiene límite, y en estos momentos estamos preparados para desarrollar complicadísimos proyectos y máquinas con tanta perfección capaces de resolver y conseguir retos que, hace algunos años, parecían inalcanzables.

Hoy se está hablando la posibilidad de colonizar en poco tiempo nuevos mundos capaces de albergar seres humanos con ánimo de poblar terrenos cuya afinidad con nuestro planeta compensen de alguna forma la escasez de todo lo que sin una justa medida hemos ido consumiendo y explotando a lo largo de nuestra existencia.

Han pasado millones de años para poder conseguir los niveles alcanzados, pero no ha sido fácil el recorrido, ni tampoco los aciertos de los primeros resultados. Paso a paso, desde el primer artesano, se forjaron las ideas que hoy tenemos a nuestra disposición para su disfrute, aunque algunas sean difícilmente alcanzables para la mayoría de nuestros bolsillos. 

Realizado todo ese atrevimiento cabe pensar que nada está fuera de nuestro alcance, pues no es así, todavía nos falta por resolver infinidad de problemas a pesar de tanto esfuerzo, aunque para muchos erradicar el hambre, el cáncer y el SIDA no debe ser tan prioritario cuando en las espectaculares reuniones planificadas de las principales naciones (G20), solo se preocupen de medidas prometedoras para eliminar el grano infectado de la economía y personalizar encuentros de sujetos cuyos objetivos están focalizados en sacar provecho mutuo.

Por desgracia para todos nosotros, no tienen en cuenta y olvidan con gran facilidad el esfuerzo de las personas que utilizan su cerebro para generar y elaborar ideas capaces de remediar los problemas realmente importantes, los cuales, debido a su desinterés por lo banal pasan desapercibidos.

Otros tampoco cuentan con los nobles artesanos que aportan con sus trabajos manuales mejoras importantes que facilitan el confort de nuestra convivencia, intentando vender bajo una lona lo que puede ser el principio de un competente negocio; pero una vez más son olvidados y comparados con vulgares contrabandistas que nos ofrecen a bajo precio, simples imitaciones de productos de marca que algunos mezquinos compran en beneficio propio.

¿Quién ha tenido la feliz idea de eliminar por decretazo la venta ambulante en los paseos marítimos?, ¿Es imperativo tener un intermediario para vender los productos?, a lo mejor es que quieren más parados y eliminar los pocos artesanos que quedan en este país. 

Por favor, eliminar la lacra de la falsificación, las importaciones ilegales, y trabajar en aras de favorecer al que con sus manos lucha por la supervivencia y las necesidades de los demás. Quiero recordar que para solventar los problemas económicos que provocó un gigantesco incendio ocurrido en Avilés en 1479, los Reyes Católicos concedieron como solución para ayudar a su recuperación, implantar el mercado semanal todos los lunes, en el cual autónomos y artesanos ponen a la venta sus productos funcionando con éxito desde hace seiscientos treinta años.

Saludos.

Miguel Sánchez del Río González-Anleo

sábado, 4 de abril de 2009

MI TÍA LEO

Si pudiéramos rebobinar de una forma sencilla la película que hemos ido impresionando a través de nuestra retina, y siendo nuestros ojos la cámara que retuvo las imágenes de todos aquellos buenos momentos que sucedieron a lo largo de nuestra vida, nos daríamos cuenta que hemos sido espectadores y actores de un fascinante film cuyo final ha sido siempre decisión exclusiva de nuestro propio destino.

En este contexto, mi tía Leo se llevó siempre el galardón a la mejor actriz, pues no solo desarrolló el papel de mejor esposa, sino que de fenomenal madre y un caso especial con sus invitados y familiares. 

Si hacemos una pausa en las imágenes que por aquella época mantenía Moreda (Asturias) con su poderío de ciudad minera, recuerdo que mi inoportuna enfermedad llamada tos ferina me obligó a visitar dicho pueblo para intentar su cura con viejos remedios caseros que consistían en aspirar durante unos horas los vapores que producía la extracción del negro carbón en la bocamina. 

Cual sería mi fortuna que, no solo erradique rápidamente mi problema, además tuve la oportunidad de convivir por unos días con una gran familia cuyos protagonistas no puedo olvidar a pesar de que mi caída por una escalera de piedra en casa de Socorro me supuso cinco puntos de sutura en mi cabeza.

Manolo, trabajador incansable en la imprenta Muela, mí querida tía Leo, mis primos Asterina y Ramón me cuidaron con esmerado cariño. Si eliminamos la pausa, nos trasladamos en un santiamén al vetusto Vegadeo (Asturias) cuyo desplazamiento de la familia significó un gran coraje y toma decisiones importantes para todos.

El comienzo fue duro, la continuidad de la imprenta supuso un gran esfuerzo y todavía me acuerdo de los trabajos complementarios que suponía tener que pegar cada noche los capuchones impresos de las botellas de gaseosa. 

Leo aguanto eso y mucho más, pero la marcha de su hija Asteri, una gran profesional de la costura hacia la capital de España, y la falta repentina del bonachón de Manolo, marcaron sin duda huellas imborrables en su rostro que todavía la forjaron más invencible. 

En compañía de su querido hijo Ramón, gran coleccionista de programas de cine, acérrimo seguidor del Athletic de Bilbao y compañero inseparable de sus amigos, vivieron años felices cuyo amor y atenciones sin límite hacia los demás lograron retener sus nombres permanentemente en nuestra memoria. 

Sus interminables conversaciones de elogio hacia toda la familia en la hermosa galería acristalada todavía susurran en mis oídos. Vegadeo siempre tendrá para mí imágenes imborrables que son la cuesta arriba hacia la casa de Leo, el restaurante el Avión donde pasamos inmejorables momentos, y por supuesto mis primos Asteri y Ribera cuya presencia asegura el futuro de un pasado inolvidable.

Saludos.

Miguel Sánchez del Río González-Anleo

domingo, 29 de marzo de 2009

SEMANA SANTA VIRTUAL

A un paso de celebrar un año más la confluencia de la fiesta judía y la Semana Santa cristiana invitándonos a la reflexión, meditación, y examen de conciencia. No estaría de más recordar la intensidad de compromisos y celebraciones que ello nos obliga en tan poco espacio de tiempo entre el domingo de Ramos y el lunes de Pascua. 

En Avilés, a los niños y niñas todavía les es rentable el cambio de una rama de olivo o palma bendita por un suculento bollo de mantecado que reciben de sus padrinos, eso sí, te sientes como obligado a participar en toda una larga serie de actos capaces de rendir al más paciente.

Así todo, merece la pena aunque tus deseos de descanso en esos días festivos tras la resaca del Carnaval se conviertan en múltiples horas de espera para ver pasar las procesiones del Encuentro, la Dolorosa, San Pedro y el Santo Entierro y en especial los Sanjuaninos.

Pero no todo lo podemos enmarcar en el ámbito del recogimiento, pues también reverenciamos con mucho gusto las jornadas del pescado y el marisco, como los fritos de pixin y bacalao en la estación de Villalegre, los exquisitos oricios de Oviñana (de momento nos conformaremos con los gallegos, pues los nuestros está en periodo de veda), y como no, remojaremos nuestros gaznüelos con la primera sidra del año.

Aunque la espera de los cofrades y pasos marcados por los ritmos de trompetas y tambores son lentos, dan paso casi instantáneo a la fiesta popular que tanto alegra a niños, mayores y visitantes que esperan con gran anhelo su consecución si el tiempo lo permite. 

Si estuviera en mis manos el poder hacer algunas reformas en el programa de las fiestas 2022, la primera sería poder reservar al menos tres enormes mesas en la tradicional comida en la calle. Mis reservas no serían para políticos charlatanes y banqueros ambiciosos, pues en una de ellas sentaría a personas que todavía guardan recuerdos en mi memoria como: Castor (el pintor), Consuelo (la avellanera), Manolín (el del burro), Mino (el de la lejía), Don Luis (mi médico), Pica (el barbero), Ernesto Baldajos, Blas (el lechero), Luisa (la de los periódicos), Hermelinda (la del quiosco), Justo Ureña, Don Manuel y LLames (mis profesores), Don Elías (el cura), y otros muchos que han configurado con su granito de arena el mosaico exclusivo de nuestra Villa.

En la otra sentaría a todos mis amigos que lo compartieron todo conmigo en infinidad de ocasiones y hace un montón de años que no nos juntamos: Baldomero, Kike, Willy y su hermano Paco (martillo), Telesforo, Juan Casanova, Tito, Tony, Cirilo. Faltan muchos más por colocar, pero seguro que los tendría muy cerca con sus familias. 

En la mesa principal colocaría a toda mi familia, la cual no describo pues tienen el asiento reservado dentro de mi alma todos los días del año. Para poder organizar todas estos cambios en la organización de las fiestas que a mí me gustaría, contaría con mi hermana Mimí como Presidenta de la Comisión de Festejos, cosa que llevaría a cabo de maravilla con el mínimo esfuerzo. 

La segunda modificación es que, el pregón estaría en manos de Antonio Novo, que con su personal verborrea y cosmopolita lenguaje, nos haría pasar unos momentos muy agradables ensalzando al pueblo y fiestas de Avilés con todo su esplendor.

Si por casualidad en el discurso aparece alguna palabra o frase cuyo significado obligase de alguna traductora, estaríamos arropados por mi prima Laura “La mensajera del pueblo” que explicaría rápidamente a los presentes el sentido de lo enunciado en la lengua popular. 

La tercera y última mejora que haría, sería pedir a lo grandes maestros diseñadores de las carrozas que, manteniendo la idiosincrasia propia asturiana, invitasen a cada una de las comunidades autónomas en representación de una España plural, a presentar sus carrozas en la que destacaran alusiones como “La crisis ha finalizado”, “El paro ya no existe”, “No hay violencia de género”, “Los jóvenes han sustituido el alcohol por Central Lechera Asturiana”, “En la ría se han capturado mil kilos de lubina”, “En la guerra de Ucrania los misiles disparan flores de colores”, y así hasta diecisiete. Tranquilos es todo virtual, ¿Pero verdad que sería maravilloso poder realizar todas estas mejoras?.

Me gustaría también que el espíritu de Don Ángel Garralda estuviera presente en todos y cada uno de los Pasos de todas las Cofradías.

Saludos

Miguel Sánchez del Río González-Anleo