Existen varias definiciones, pero hay algunas que merece la pena describir pues no todo el monte es orégano. Otros recomiendan aprovechar y disfrutar de los ratos de soledad, debido a que nos permite descubrirnos y darnos cuenta de quienes somos y que queremos.
Hay personas que precisan la soledad para mejorar su estado cognitivo y creativo. A corto plazo puede ser una mejora en desarrollar una expresión artística y creativa. Un individuo precisa de una soledad capaz de crear un estado adecuado a sus sentimientos hacia la sociedad que viene empujando de una forma brutal y con tal rapidez que impide pensar, reflexionar y en algunas situaciones evitar la sensación de alertas continuas que solo conllevan desánimos, ansiedad y modos de luchar por eliminar pensamientos de lucro, poder y situaciones contrarias a unos impulsos que invitan a deshacer nuestra vida cotidiana.
Quien no ha suspirado por dedicar unos minutos de su vida para analizar solo o en conjunto con su cerebro, temas imposibles de resolver en grupo, que finalmente siempre acaban en la sentencia final de un colectivo o líder convencido de sus ideales.
Es verdad que la soledad temporal, sugiere un estado de ánimo capaz de superar esos momentos vacíos en los cuales precisamos del eco de preguntas que sugiere esta sociedad confusa, revuelta y llena de conceptos negativos sin ánimo de sentimientos y soluciones fugaces a problemas ordinarios que se olvidan en el baúl de los recuerdos.
Una soledad limpia, legal, creada por un aislamiento impuesto por una determinada causa puede entenderse por privacidad voluntaria de la compañía. Siempre recuerdo a mi animal de compañía , un perro de aguas llamado Boby, el cual hasta su fallecimiento, siempre ocupó una gran parte de mi deteriorado corazón y juntos pasamos veladas inolvidables que siempre acababan en un sueño común los dos abrazados. Desde su ausencia, es el día de hoy que por las noches siento sus pisadas subiendo por la escalera para dormir a mi lado.
Es muy curioso, y supongo que también muy habitual que, los recuerdos cuando estás solo, son siempre positivos, los mejores y de una calidad excelente.
Nuestra cultura evita enseñarnos a soñar, leer, pensar y analizar de forma positiva todo aquello englobado en el aislamiento, retiro, separación, clausura, melancolía; así como nostalgia y añoranza de todo aquello que hemos vivido con fascinación y embeleso.
Por último, decir que todas las personas solitarias siempre tienen una opción atractiva a la cual agarrarse para suprimir su aislamiento o su destierro. La sociedad, y en especial las personas que están llegando al final de su vida, aún disponen de medios capaces de resolver su situación de soledad. Es difícil, pero somos humanos con síntomas de caridad y esperanza, sobre todo esta ultima palabra en la cual nunca podemos perder la ilusión.
Saludos
Miguel Sánchez del Río González-Anleo

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