Yo quisiera explicar en pocas palabras, todo aquello que no deseo para mí, ni mis amigos y familiares. Si por unos momentos nos trasladamos al pasado, recordaremos que cuando íbamos de visita a casa de unos amigos o familiares, normalmente en una vivienda donde convivían varias personas de la misma familia, lo primero que hacía el que me recibía, era presentarme al abuelo o abuela que sentados al pie de una mesa de madera en la cocina, leían su periódico, oían la radio o se limitaban a recordar su pasado lleno de pasajes variopintos y compararlo con el presente. La abuela siempre vestía de negro y mandil, y si coincidía con la hora del desayuno o merienda, le preparaban su gran taza de café con leche con sus rosquillas o pan de escanda que mojaba para poder engullir sin poder masticar por su deficiente dentadura.
Hoy en día todo ha cambiado, los hijos y demás familia se van de la casa, no importa los kilómetros y al final consiguen convencer a sus abuelos y padres para que ingresen en una residencia con el objetivo de que no estorben en el día a día de la familia. Dichas residencias privadas o públicas, provocan en la mayoría de los casos unos sentimientos negativos en las personas que las habitan, incluso en aquellas circunstancias que son visitadas habitualmente.
He sido testigo personalmente de visitas de todo tipo a esas residencias de ancianos, y lo que allí te enseñan sus gerentes, dejan mucho que desear de la realidad. Te hacen visitar los pisos donde residen aquellas personas menos afectadas de su longevidad, pero disponen de otros pisos donde alojan (según su decadencia), en los cuales sufres, ansiedad, pena e imágenes imborrables.
Hay de todo, pero tanto la alimentación, cuidados médicos y actividades son verdaderamente un claustro terminal para esos ancianos que merecen otros cuidados.
No hay derecho que personas influenciadas por sus familias, despreciados de los hospitales por reducción de medios y gastos internos sean dirigidos a esas casas mortuorias llamadas residencias de ancianos.
Los cuidados son los mínimos. La atención medica tanto de lo mismo, e incluso robos de sus pertenencias o regalos de familiares así como de maltratos están a la orden del día. La disciplina es inevitable, lo que conlleva un comportamiento ejemplar en aquellos que todavía guardan un poco de educación colectiva, y los demás suelen ser medicados para eliminar sus momentos histéricos.
Yo aconsejo, antes de tomar una decisión de internamiento, visitar esos lugares lúgubres sin aviso de visita, y conocer todos los pisos donde conviven en común aquellas personas según sus síntomas. Es verdad que, algunos cumplen unos protocolos de acuerdo con las necesidades de los ancianos, pero la mayoría añoran su casa y la presencia y cariño de sus familiares, en especial hijos y nietos.
Yo, personalmente, y ojala pueda llegar a ello, prefiero seguir mi camino y lo que me quede de vida en mi propia casa, aunque tenga que adaptarla para las necesidades acordes con mi edad y si es preciso solicitar la presencia de una ayuda humana capaz de ayudarme en todo lo que precise hasta que llegue la hora del final del camino hacia las estrellas.
Saludos
Miguel Sánchez del Río González-Anleo

1 comentario:
Que triste realidad, Miguel. Y que cerquita me siento de esta situación. Yo no sé cuál será mi final , pero ruego a todos los Dioses del Olimpo, que me cojan de la mano y me trasladen a ese infinito desconocido , mucho antes de vivir una realidad tan cruda, indigna e indeseable.
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