martes, 19 de mayo de 2026

AVILÉS Y QUE MÁS QUIES

Mucho se ha escrito sobre mi Villa natal, pero a pesar de ello, desconocemos muchas historias sobre su asentamiento sobre el año 905. Si sabemos que en el año 1085, el Rey Alfonso VI le concede el Fuero y posteriormente Alfonso IX, la convierte en el principal principal puerto del Cantábrico al concederle su Alfolí almacenamiento de sal.

Es de agradecer a los Reyes Católicos Isabel y Fernando que en 1479, nos hayan concedido el mercado franco los lunes debido a un gran incendio que acosó a la Villa. Es curioso, todavía mantenemos ese lunes vivo hasta la fecha en la plaza de abastos.

El asentamiento sigue creciendo y en el siglo XI y XII se construyen unos 800 metros de recia muralla con cinco puertas que la protegen de asedios e invasiones. Posteriormente, y debido a su crecimiento, fueron derribadas entre 1818 y 1820 por orden de las Cortes de Cádiz y el interés de la burguesía por expandir la ciudad. Gran parte de sus piedras sirvieron para rellenar y quitarle al mar el espacio que ocupa ahora el Parque del Muelle.  

Quiero recordar a ilustres avilesinos que, sin entrar en los políticos (no me gustan), hicieron de Avilés su gran estandarte que expusieron en todo lugar por donde se desplazaron. Me dejo muchos que no anidan en mi memoria, pero empezamos por Pedro Menéndez (Gobernador de la Florida y fundador de San Agustín), Juan Carreño Miranda (Pintor barroco de la corte de Carlos II), Carbajal, Rafael Pérez del Busto, Yago Lamela, Beatriz Rico, Miguel Ángel Angulo, Yenesi, María Ostiz, Francisco Bances Candamo, Bernardo Guardado, Antonio Fidalgo, Carlos Guardado, y otros muchos que llenaríamos paginas enteras.

Llegan a mis recuerdos infantiles aquel pueblo tradicional, tranquilo, trabajador y respetuoso que comenzaba su continua expansión. No por la burguesía, sino por los intereses industriales de una España que, confiaba en sustituir la pesca, la recogida de marisco por las mujeres del pueblo, las conserveras, la fabricación de cristal para botellas, harina de pescado y otros productos Agroecológicos, por una industria potencial que conllevaría una invasión y transformación de nuevas empresas con su correspondiente inmigración de mano de obra procedente de toda España.

Sustituimos productos alimenticios por Acero, Zinc, Vidrio, Aluminio que llenaron los bolsillos de muchos trabajadores y empresarios a cambio de triplicar la población, contaminar nuestra ría, alterar nocivamente la pureza de nuestro ambiente y expulsar nuevas generaciones por saturación de puestos de trabajo en las nuevas empresas.

¿Cuál es el momento actual?. Volvemos a vivir tiempos pasados pero con un grave problema, no tenemos munición para poder afrontar el futuro de nuestros hijos y nietos. Ahora mismo disfrutamos del tardeo, bajada de espuma por Galiana, San Juaninos, el bollo de Pascua, visitas guiadas a la Monstrua, veinte metros de muralla, los caños de Rivero y poco más, pues el Niemeyer es una postal que llevan de recuerdo los turistas. ¿Dónde están los polígonos industriales que deberían admitir la implantación de nuevas empresas capaces de asegurar nuestro futuro?. Hay terreno a esgalla, pero a nadie le interesa ponerlo en marcha. Y para más desgracias, Alcoa ya cerró y Saint-Gobain y Arcelor están en la cuerda floja. 

Sólo nos queda hacernos fotógrafos con el objetivo de hacer instantáneas de pequeños cruceros que permanecen en nuestro puerto un mínimo de horas para tomar en La Cantina medio vermut, pues El Maruxa sigue cerrado, y probar en el Tataguyo longaniza de la matona.

Dónde están los cantamañanas de nuestros regidores que impiden entrar las Universidades privadas, siguen cerrando comercios en Llanoponte y calles emblemáticas como la Muralla, la Fruta, etc.

Lo único que sigue adelante, para lo cual debemos inculcar a nuestros nietos que se metan albañiles, es la renovación de las fachadas de edificios con el objetivo de cumplir con nuevas normativas técnicas de aislamiento acústico y térmico que ocultarán la gran suciedad que provocó Ensidesa durante sus actividades.

No quiero ser pesimista, pero me gustaría ver mi Villa, con más parques, los polígonos industriales con más empresas, los autobuses llenos de trabajadores, las visitas guiadas enseñando nuestros progresos y no sólo lo que queda de nuestro patrimonio medieval. Si queremos que nuestra Villa progrese, echemos todos una mano, incluso los políticos
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Saludos

José Miguel Sánchez del Río González-Anleo




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