Hasta ahí todo de acuerdo, pero debemos reconocer que, nuestros hábitos no están aclimatados a estos cambios tan drásticos que te obligan a buscar en el armario un vestuario adecuado, sustituir tus bebidas y alimentos por otros con menos calorías, y por supuesto bajar las persianas y abrir las ventanas por el día y al revés por la noche como se realiza en Andalucía.
Todo parece muy sencillo, y adaptable en pocas horas, pero no es así. Olvidamos con facilidad protegernos de esos maravillosos rayos de sol, los cuales con prudencia nos transforma nuestra blanca piel en una epidermis morena previo aplicado de cremas protectoras que evitan enfermedades cutáneas futuras dañinas para nuestro cuerpo.
Desde hace años teníamos la costumbre de inaugurar la temporada de baños en playas y piscinas la noche de San Juan, en la cual se implantaban, socorristas y medios preventivos para evitar accidentes por falta de medios de comunicación e imprudencias por parte de los bañistas. Nunca debemos olvidar los consejos de nuestras madres, en respetar las horas de baño después de ingerir alimentos, y por supuesto algo elemental de mirar que tipo de bandera exponen y zonas de baño permitidas por los socorristas. La temible "resaca", provocada por las corrientes marinas que se producen en nuestra amiga la mar, es símbolo de muerte si no sabemos manejarla.
Como estadística, en el año 2025 se produjeron 472 fallecidos por ahogamiento en España. Cifra muy alta si tenemos en cuenta los medios de prevención establecidos por las autonomías y la irresponsabilidad de muchos ciudadanos. Hay que respetar nuestro dicho de hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo y transmitir a nuestros descendientes las palabras heredadas de nuestros antepasados respecto a nuestra maravilla de costa. Respeto y prudencia en cada época del año en la cual queramos disfrutar de esa noble naturaleza.
Nuestros cuerpos y nuestra flora no está acostumbrada todavía a un cambio climático que ocasiona verdaderas catástrofes en las actuales estaciones del año, provocando cambios difíciles de prever dificultando sin piedad nuestra adaptación en tan corto espacio de tiempo. El Orbayu que evita en nuestra tierra el secado de arbustos y la manta forestal que, por su abandono y coste material, es motivo de múltiples incendios ocasionados por la misma naturaleza y otros quizás más espectaculares provocados por la mano del hombre irresponsable, es orgullo que periódicamente se depositen sobre nuestras cabezas pequeñas gotas de agua, las cuales debemos de llamar benditas.
Asturias, a pesar de tener en sus entrañas ese negro carbón, es de color verde por la intensidad de lluvias que nos acompañan en un clima variable difícil de pronosticar, pero su bandera es azul como el cielo que nos envía esas nubes capaces de mantener nuestra idiosincrasia que ojala podamos mantener durante muchos años.
Cuando la industria de fabricación de paraguas no exista, los vehículos no tengan limpiaparabrisas, no se utilicen los chubasqueros, las hortensias se marchiten, las viviendas necesiten aire acondicionado, bebamos tintos de verano en vez de sidra y entremos en casa sin limpiar la suela de los zapatos es que nos hemos convertido en una ampliación de Castilla. Yo no quiero eso, viva el agua que cae del cielo y ¡Puxa, Asturies!.
Saludos
José Miguel Sánchez del Río González-Anleo

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